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Ficha del Pronunciamiento
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Texto Dictamen 232
 
  Dictamen : 232 del 26/08/2009   

C-232-2009


26 de agosto de 2009


 


MSc.


Alice Bonilla Vargas


Presidenta


Colegio de Enfermeras de Costa Rica


Estimada señora:


Con la aprobación de la señora Procuradora General de la República, nos referimos a su oficio CECR-PR-168-09, de fecha 23 de marzo de 2009, recibido el 2 de abril del mismo año, por el que nos pone en conocimiento del acuerdo tomado en sesión de Junta Directiva del Colegio de Enfermeras de Costa Rica del 26 de marzo último, acta Nº 1941, según el cual se le autoriza consultar a la Procuraduría General las siguientes interrogantes técnico-jurídicas atinentes a la aplicación de tratamiento inyectable de medicamentos en establecimientos farmacéuticos por parte de profesionales en ciencias de la salud distintos a los profesionales en enfermería:


 


1.- ¿Es propio de las funciones del profesional en Farmacia la aplicación de inyectables?


2.- ¿Constituye dicha práctica una intervención en el área de competencias propia de la enfermería?


3.- ¿Es legal el que aplique inyectables en la Farmacia por personas que no son profesionales en Enfermería?


 


Por oficio AFP-191-2009, de fecha 12 de mayo de 2009, este despacho  le previno a la consultante que de previo a darle trámite a la gestión planteada, y por no haberlo cumplido en su oportunidad, debía remitirnos el criterio de la asesoría legal de esa corporación profesional, por ser este un requisito de admisibilidad, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 4 de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República –Nº 6815 de 27 de setiembre de 1982 y sus reformas-.


 


Mediante oficio CECR-PR-296-09 de 22 de mayo de 2009, se cumple con la prevención aludida y se remite al efecto el criterio del asesor legal del Colegio de Enfermeras de Costa Rica, materializado en un oficio sin número ni fecha, según el cual, con vista en los artículos 40 de la Ley General de Salud, 25 de la Ley Nº 2343, denominada Ley Orgánica del Colegio de Enfermeras de Costa Rica y 20 de la Ley Nº 7085, denominada Estatuto de Servicios de Enfermería, concluye que: “1. No es propio de las funciones del profesional en Farmacia la aplicación de inyectables. 2. Constituye dicha práctica una intervención en el área de competencia propia de la enfermería. 3. No es legal el que se aplique inyectables en la Farmacia por personas que no son profesionales en Enfermería”.


 


I.- Consultas facultativas realizadas al efecto.


 


Por considerar que la consulta planteada tiene directa incidencia en los profesionales en ciencias de la salud agremiados al Colegio de Farmacéuticos de Costa Rica, mediante  oficio número AFP-216-2009, de fecha 28 de mayo de 2009, este despacho le confirió audiencia a esa corporación profesional para que se pronunciara al respecto.


 


Mediante oficio número JD-136-2009, de fecha 4 de junio de 2009, la secretaria de la Junta Directiva del Colegio de Farmacéuticos de Costa Rica, nos remite el acuerdo adoptado por ese órgano colegiado en sesión del 4 de junio de 2009, sobre la posibilidad legal de que farmacéuticos puedan aplicar inyectables en las farmacias; esto en formal respuesta a nuestro oficio AFP-216-2009.


 


A manera de resumen, la posición del Colegio de Farmacéuticos se centra en los siguientes aspectos de interés:


 


1)       “Sí es propio de las funciones del profesional en Farmacia la aplicación de inyectables”; esto porque el articulado de la Ley General de Salud no contiene disposición expresa sobre inyectables o vacunación en relación con su aplicación a cargo de profesionales farmacéuticos u otros profesionales; incluso señala que el decreto ejecutivo Nº 31969-S claramente reconoce la posibilidad de que en establecimientos farmacéuticos, concretamente en farmacias privadas, cuenten con un servicio de inyectables, bajo la exclusiva condición de que en caso de que se apliquen medicamentos inyectables deba hacerlo el personal competente de acuerdo con la legislación vigente; personal que en el caso de farmacias privadas se ha entendido que, por su preparación técnico-científica y por su formación académica, es el profesional o regente farmacéutico debidamente autorizado por esa corporación profesional y habilitado por el Ministerio de Salud, que asume la dirección técnica y científica de la farmacia.


2)       “La aplicación de inyectables a cargo del profesional farmacéutico en las farmacias no constituye una práctica de intervención en el área de competencia propia de la enfermería”. Esto es así, porque fuera de cualquier connotación gremial, y en aras de preservar y garantizar la vida y la salud de las personas, el profesional farmacéutico cuenta con la formación académica necesaria para ejercer ese acto que demanda conocimientos y destrezas puntuales; además de que el ordenamiento jurídico le faculta para la realización de dicho acto.


3)       “Conforme a lo antes señalado no cabe duda que es legal”; esto refiriéndose al aplique de inyectables en farmacias por personas que no son profesionales en Enfermería.


 


Por considerar que la consulta planteada tiene directa incidencia en ciertos profesionales en ciencias de la salud (enfermería y farmaceutas), así en establecimientos fiscalizados por el Ministerio de Salud, mediante  oficio número AFP-236-2009, de fecha 4 de junio de 2009, este despacho le confirió audiencia a ese Ministerio para que se pronunciara al respecto.


 


Mediante oficio número DM-7072-2009, de fecha 15 de junio de 2009 –con recibo de 18 de junio del mismo año-, la Ministra de Salud remitió para su conocimiento y trámite pertinente el oficio AFP-236-2009 aludido a la Dirección de Garantía de Acceso a Servicio de Salud.


 


Y no es sino hasta el 22 de julio del presente año que, mediante oficio número DM-7728-2009, de fecha 13 de junio del mismo año, la señora Ministra de Salud en atención a la audiencia conferida por oficio AFP-236-2009 responde las interrogantes consultadas concernientes al profesional de ciencias de la salud que puede aplicar inyectables, en los siguientes términos:


 


“(…) La legislación consultada no indica que sea propio o impropio del profesional en farmacia la aplicación de inyectables como tan poco se señala que los sea de la profesión de enfermería o de otras disciplinas de las ciencias de la salud. Es evidente y manifiesto que como profesional en salud y aplicando los criterios de oportunidad, razonabilidad y racionalidad, no hay una oposición técnica para la aplicación de inyectables en una farmacia por parte del profesional en farmacia, quien a todas luces las prácticas de mas (sic) riesgo como serían las aplicaciones de endovenosas no se realizan en este tipo de establecimientos.


(…) Dicha práctica no constituye para nada, una intervención en el área de competencia propia de enfermería, porque ni la misma legislación que regula el ejercicio de esta profesión lo señala como una competencia propia de su quehacer, tal como se indicó en el Estatuto de servicios de Enfermería.


(…) La legalidad está determinada en el tanto y cuanto la legislación no especifica que profesional tiene la competencia exclusiva para la aplicación de inyectables, por lo cual por uso y costumbre se estipula que los profesionales en ciencias de la salud pueden tener la competencia de aplicar inyectables, por ende un profesional en farmacia tiene las competencias académicas de formación y técnicas para aplicar inyectables”.


 


II.- Sobre el fondo:


 


Independientemente de que en los servicios públicos de salud en hospitales y clínicas, administrados en su mayoría directamente por la Caja Costarricense de Seguro Social, se tiene un amplio margen de discrecionalidad a la hora de configurar, modificar o completar sus estructuras y de configurar o concretar organizativamente el status del personal, pero apegado siempre a la ciencia y la técnica, especialmente de los profesionales en ciencias de la salud que prestan sus servicios en esas Administraciones públicas, en el presente caso debemos circunscribirnos necesariamente el modelo de atención en establecimientos farmacéuticos dentro del marco de funciones o servicios básicos encomendadas por la Ley General de Salud (LGS) y complementariamente por el decreto ejecutivo de funcionamiento de este tipo de locales –Nº 16765 de 13 de diciembre de 1985 y sus reformas- (DE 16765), al profesional en farmacia o regente farmacéutico; disposiciones normativas que por sí establecen un diseño predeterminado de esta práctica profesional. Esto es así, por cuanto refiriéndose a los profesionales en Ciencias de la Salud, entre los cuales están los de farmacia (art. 40 de la Ley General de Salud –Nº 5395 de 30 de octubre de 1973 y sus reformas-) la Procuraduría General ha indicado que “las funciones que cumple cada profesional en su respectiva área de conocimiento las establece la Ley” (dictamen C-116-2001 de 18 de abril de 2001).


 


En cuanto a la prestación de los servicios farmacéuticos a la luz de la Ley General de Salud (LGS), en el dictamen C-130-2006 de 30 de marzo de 2006, hemos afirmado que la actividad farmacéutica, es decir, la preparación de recetas y el despacho de medicamentos en que se resume el concepto legal de farmacia (artículo 95, inciso a) de la Ley General de Salud,) así como el funcionamiento de los establecimientos farmacéuticos, entre los que se encuentran por supuesto las farmacias, están sujetos a la Ley y al poder de regulación del Ministerio de Salud, expresado por vía de reglamentos o de medidas generales o particulares. Y que en el tanto están destinadas al despacho de medicamentos, las farmacias -incluidas las de clínicas médicas y hospitales-, deben contar con un farmacéutico, soporte profesional que permite a la farmacia cumplir sus funciones con calidad. Dicho profesional asume la dirección técnica y profesional de la farmacia y es responsable de su funcionamiento. Sobre este último aspecto se puntualizó lo siguiente: “(…) una farmacia debe estar necesariamente a cargo de un farmacéutico. La regencia es un requisito en orden a la protección de la salud como Derecho Fundamental. La condición de farmacéutico es la condición profesional idónea para quienes se encargan de la preparación de recetas o despacho de medicamentos, ya que tales actividades presuponen un conocimiento técnico exacto sobre las propiedades de los medicamentos, sus ventajas y desventajas y su forma de tratamiento. El requisito de la regencia es reafirmado por el artículo 96 de la Ley de Salud, que define la responsabilidad por la calidad de los medicamentos que se preparen, manipulen, mantengan o suministren en la farmacia (…)” (Dictamen C-130-2006 op.cit.).


Efectivamente, según requerimientos expresos de la Ley General de Salud (LGS), salvo el caso de establecimientos exclusivamente de medicamentos para uso veterinario (art. 96 LGS y arts. 6 y 20 DE 16765), todo establecimiento farmacéutico (art.95 LGS y art. 2 DE 16765), en el que se elaboren, manipulen, vendan, expendan, suministren y depositen medicamentos (art. 101 LGS y art. 3 DE 16765), requiere de la regencia de un farmacéutico para su operación, a excepción de los botiquines y de los laboratorios farmacéuticos que se dediquen exclusivamente a la fabricación de cosméticos que no contengan medicamentos (art. 96 LGS y 5 DE 16765). Ese regente será entonces el profesional que ostente el grado académico de Licenciatura o uno superior en Farmacia (art. 40 LGS) y que esté debidamente incorporado al colegio o corporación profesional respectiva - Colegio de Farmacéuticos de Costa Rica-  (art. 43 LGS y art. 1º DE16765). Y solo así, los profesionales debidamente especializados e inscritos como tales en sus respectivos colegios, podrán ejercer actividades propias de su especialidad (art. 46 LGS). Y se prohíbe la regencia profesional de más de un establecimiento farmacéutico (art. 57 LGS y art. 27 DE 16765).


Así, el regente farmacéutico es el profesional que de conformidad con la ley y los reglamentos respectivos, asume la dirección técnica y científica de cualquier establecimiento farmacéutico y será responsable solidariamente con el dueño del establecimiento de cuento afecte la identidad, pureza y buen estado de los medicamentos que se elaboren, preparen, manipulen, mantengan y se suministren, así como de la contravención a las disposiciones legales y reglamentarias que se deriven de la operación de los establecimientos (art. 96 LGS y art. 20 DE 16765).


Entre los profesionales en Ciencias de la Salud, sólo los farmacéuticos son quienes legalmente pueden dispensar o despachar recetas de medicamentos, y en todo caso están en la obligación de rechazar el despacho de toda receta que no se conforme a las exigencias científicas, legales y reglamentarias (arts. 55 y 56 LGS y art. 38 DE 16765). Igualmente, el depósito, la manipulación y el despacho de las recetas en que se prescriban drogas estupefacientes y sustancias o productos psicotrópicos, anestésicos y similares declarados de prescripción restringida por el Ministerio de Salud, corresponderá personal y exclusivamente a los farmacéuticos, pero no así su prescripción y administración, las cuales corresponden exclusivamente a médicos, odontólogos y veterinarios en el ámbito propio de sus profesiones, salvo que fuera así autorizado bajo la responsabilidad del profesional que prescribe (arts. 131, 132 y 133 LGS) (Véase al respecto el dictamen C-139-98 de 21 de julio de 1998).


Con base en lo expuesto y según refiere la doctrina técnica sobre la materia  el farmacéutico como profesional sanitario o de la salud despliega distintas actuaciones profesionales o funciones asistenciales que implican la gestión del conocimiento farmacéutico aplicada a un paciente determinado (sea este habitual u ocasional), lo que implica las siguientes situaciones o servicios que podríamos llamar labores habituales o tradicionalmente esenciales: 1) la adquisición, custodia, almacenamiento y conservación de medicamentos; 2) la dispensación, entrega, provisión o aplicación informada de medicamentos o de especialidades farmacéuticas (principal servicio demandado por los usuarios de las farmacias); 3) la consulta farmacéutica, lo que incluye la eventual indicación de medicamentos que no requieran prescripción o receta médica o bien supondrá la derivación al médico en caso necesario;  y 4) el seguimiento del tratamiento farmacológico o farmacoterapéutico con la colaboración del propio paciente y con los demás profesionales del sistema de salud (Véase entre otros: HALL RAMIREZ, Victoria. “Atención farmacéutica seguimiento del tratamiento farmacológico”. Centro Nacional de Información de Medicamentos, Enero 2003. Consultado en http://sibdi.ucr.ac.cr/CIMED/cimed14.pdf; FAUS MUÑOZ, Pedro y otros. “Atención farmacéutica. Conceptos, procesos y casos prácticos”. Consultado en http://www.farmacare.com/pdf/Libro_AF.pdf ).


 


En lo que nos interesa, en el modelo tradicional de farmacia, la dispensación es el servicio que generalmente supone el núcleo de la actividad del farmacéutico y representa la principal demanda del consumidor. En sí, técnicamente el acto de dispensación es un acto profesional complejo, y nunca algo meramente mecánico, pues aún cuando una persona acude a una farmacia por un determinado medicamento, el farmacéutico debe asegurarse de entregar, aplicar o suministrar dicho medicamento o producto sanitario en condiciones óptimas y proteger al paciente frente a posibles o eventuales problemas relacionado con ese medicamento; lo que implica que esa entrega o dispensación según lo descrito o prescrito, debe servir como fuente de información para el paciente de la medicación a utilizar e igualmente debe servir como filtro para la detección de situaciones que pongan en riesgo de sufrir problemas relacionados con la medicación. Frente a lo cual el farmaceuta podría incluso ofrecer una asistencia complementaria mediante el otro servicio de consulta farmacéutica, pero debiendo en todo momento limitarse a no dispensar sin remisión o previa consulta al profesional respectivo, en caso de ser necesario.


 


Así, cuando un paciente se acerca a un establecimiento farmacéutico privado con la finalidad de adquirir lo prescrito por el médico u otro especialista de la salud autorizado para ello (art. 54 LGS), en tratándose de inyectables es importante que estas les sean suministrados en dicho establecimiento con la mayor eficiencia y calidad posible, por parte del personal debidamente formado para ello, que en el caso específico de la aplicación de este tipo de medicamentos en establecimientos farmacéuticos es el regente de turno, es decir el farmaceuta debidamente incorporado por el Colegio Profesional y autorizado por el Ministerio de Salud. Y esto es así, porque según aconseja la lógica y la prudencia, el acto de inyectar conlleva innegablemente procedimientos que requieren de mucha destreza técnica y en cierto grado un conocimiento científico profundo, para mitigar así riesgos innecesarios en la salud y la vida de las personas que eventualmente pudieran darse si personas no capacitadas llevaran a cabo la aplicación de inyectables.


 


Entonces, conforme al contexto técnico normativo expuesto, debe entenderse que en todo establecimiento farmacéutico, luego de una adecuada verificación sistemática de cada caso en concreto, la dispensación, entrega o aplicación de medicamentos, incluidos los inyectables, deberá ser realizada siempre por un profesional farmacéutico.


 


No estimamos entonces que exista una indebida intromisión o intrusismo ilegítimo del farmaceuta en funciones o servicios propios de la enfermería, pues con la aplicación de inyectables en establecimientos farmacéuticos por parte de regentes farmacéuticos no se interfiere en lo más mínimo en la labor propia del profesional en enfermería, pues esa no es una función exclusiva de unos o de otros profesionales en Ciencias de la Salud, según la normativa vigente.


 


Además, consideramos que no es lógico ni lícito desconfiar de la pericia del farmacéutico, que, en materia de medicamentos, hay que suponer, por razón de su formación universitaria-académica, es el verdadero especialista. Incluso, puede sostenerse que si no estuviera capacitado para efectuar esta clase de funciones, difícil justificación tendría exigirle la posesión de un título del mismo grado académico que el de los médicos, profesionales en enfermería y demás profesionales en Ciencias de la Salud.


 


Por todo ello, estimamos que la acreditación por el correspondiente título oficial para ejercer la profesión de farmaceuta, que le capacita legalmente, por los conocimientos adquiridos, para desempeñar esa función.


 


Conclusiones:


 


Con base en lo expuesto y conforme a la normativa vigente al efecto, esta Procuraduría General concluye que:


 


1)      Dentro del concepto técnico-legal de la dispensa o despacho de medicamentos en establecimientos farmacéuticos, la aplicación de inyectables es una función o servicio propio y habitual del regente farmacéutico o profesional en Farmacia.


2)      No existe una indebida intromisión o intrusismo ilegítimo del farmaceuta en funciones o servicios propios de la enfermería, pues con la aplicación de inyectables en establecimientos farmacéuticos por parte de regentes farmacéuticos no se interfiere en lo más mínimo en la labor propia del profesional en enfermería, pues esa no es una función exclusiva de unos o de otros profesionales en Ciencias de la Salud, según la normativa vigente.


3)      En todo establecimiento farmacéutico, luego de una adecuada verificación sistemática de cada caso en concreto, la dispensación, despacho, entrega o aplicación de medicamentos, incluidos los inyectables, deberá ser realizada siempre por un profesional farmacéutico.


 


Sin otro particular,


 


 


MSc. Luis Guillermo Bonilla Herrera


PROCURADOR


 


LGBH/gvv